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Apreciaciones respecto del proyecto de reforma del código civil

Comité de asuntos teológicos, éticos y de temas de actualidad
IGLESIA EVANGÉLICA LUTERANA ARGENTINA
Villa Adelina, 26 de febrero de 2014

Propósito:
Como “Comité de asuntos teológicos éticos y temas de actualidad”, consideramos que cada nación tiene, no sólo el derecho, sino la necesidad de elaborar su propio código civil que ordene y rija la convivencia ciudadana. Código que deberá reformar o reformular, reducir o ampliar, etc., cuando las circunstancias lo requieran para responder a nuevas situaciones sociales que surjan.
Como hay un proyecto de reforma dirimiéndose actualmente en nuestro Congreso Nacional que afectará la vida de todos sus habitantes, es nuestro deber como Iglesia cristiana luterana con más de cien años de presencia en el país, sumar una voz afirmando principios bíblicos y orientación para nuestros hermanos en la fe y de testimonio para la ciudadanía.
Cuestiones metodológicas:
Dado su carácter práctico, concreto y temporal, cada código civil debe contar con un fundamento en principios éticos permanentes que legitimen esa expresión actual del código, así como las modificaciones que se le introduzcan. Como analogía podemos ver que el Pentateuco del Antiguo Testamento contiene, en gran medida, el código civil del pueblo de Israel en formación en el cual se regula cada aspecto de la vida de ese pueblo, pero su fundamento permanente es la ley moral, el decálogo, conocida como los 10 mandamientos. Como vemos, estos últimos, son base para los cristianos de todos los tiempos, vivan en el país que vivan, mientras que las leyes civiles del Antiguo Testamento fueron adaptándose en el tiempo y por influencia de otras naciones o hasta reemplazadas por otras en el Nuevo Testamento. Entonces, dado ese horizonte ético que sostiene y legitima un código civil, este tiene un carácter modelador, es decir orientador del tipo de ciudadanía a la que se anhela llegar. Si este horizonte ético es difuso, confuso o hasta contradictorio se pierde ese carácter modelador, haciendo prevalecer su aspecto meramente pragmático, es decir, que trata de ser lo más amplio posible, dando respuestas a las diferentes situaciones que se dan o que se puedan dar, pero se sacrifica la cohesión de principios y el sentido o direccionalidad.
Dadas las concepciones éticas, antropológicas, sociales, reconocidas o no, pero que sustentan un código civil y considerando que el mismo regula la vida del ciudadano/a desde su inicio hasta su muerte, salta a la vista que toda reforma mayor que se le haga como la presente, debe ser producto de un largo proceso hecho sin apuros y en conjunto, con una conciencia ciudadana no sujeta a intereses partidarios: Abrir un tiempo con límites flexibles de reflexión serena, con consultas abiertas a la ciudadanía, sin forzar etapas y estadios, una revisión seria y pausada de las controversias posibles, etc., a fin de poder arribar a algo valioso que nos sirva y oriente a todos para las próximas décadas. Advertimos aquí que el presente pro-yecto de reforma no ha respondido a los tiempos prudenciales que una reforma de tal magnitud se mere-ce. Esta situación se evidencia en las marchas y contramarchas que se van dando al ritmo de intereses ajenos al proyecto en cuestión que será fundante para las presentes y las nuevas generaciones de ciuda-danos.
Demarcaciones fundamentales:
• Como Iglesia Evangélica Luterana sostenemos la separación de Iglesia y Estado (Confesión de Augsburgo, 1530, Art. XXVIII “Sobre el Poder de los obispos” donde se restringe el poder de la iglesia a los asuntos espirituales, y se sostiene el poder del estado sobre asuntos temporales). La Iglesia cristiana se fundamenta en la Palabra de Dios y se debe a sus miembros. El estado se fun-damenta en su Constitución y se debe a la totalidad de los ciudadanos. Pero al mismo tiempo el estado es servidor de Dios y como tal (Romanos 13) tiene el deber de garantizar el orden, la jus-ticia, el principio de la vida y la protección a los más vulnerables.
• Los principios y valores trascendentales que rigen la ética y la vida espiritual afectados en un có-digo civil y que se dirimen por simple mayoría de votos en la legislatura nacional, no deben, ni pueden limitar la libertad de conciencia de sus ciudadanos y que en el caso de los cristianos se somete a la Palabra de Dios. Y en los casos de contradicción en lo que respecta a su vida privada vale la libertad de conciencia cristiana y hasta su deber de testificar con su ejemplo dentro de un marco de respeto con los padres apostólicos quienes declamaban “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5.29).
• No hablamos sólo desde una postura religiosa, también hablamos como ciudadanos de este país. Pero aún antes de los principios de fe y de pertenencia a esta nación, hablamos como seres hu-manos, pues muchos de los cuestionamientos que se presentan en el presente proyecto (como ser el principio de la vida, procreabilidad, familia, etc) no pueden reducirse a planteos de las iglesias cristianas, pues caeríamos en reduccionismos peligrosos. Se trata más bien de respetar la “ley na-tural” o de cuidar la “ecología humana”, que subyace y sostiene al ser humano religioso y/o polí-tico por igual.
Cuestiones de contenido:
Un código civil abarca muchísimo más de lo que aquí podemos considerar. Necesitaríamos profesionales de varias ciencias (derecho, medicina, biología, etc.) para ahondar en muchos aspectos contemplados en el proyecto, pero con lo cual esto sería muy amplio y poco práctico. Vamos a dejar de lado cuestiones referentes a la parte comercial del código e infinidad de otras consideraciones del código civil limitán-donos a dos aspectos caros a la sensibilidad cristiana que desarrollaremos a continuación.
a) Cuestiones vinculadas al origen de la vida y el nacimiento.
En este punto surgen controversias porque fundamentalmente estamos ante nuevas posibilidades técnicas no imaginadas tiempo atrás y, a la vez, preguntas éticas a partir del avance en las ciencias biológicas. Debemos afirmar como base que “No todo lo técnicamente posible es éticamente aceptable”. Es decir las nuevas posibilidades que nos van brindando las ciencias y su expresión práctica que son las tecnologías no son malas en sí porque también vienen de Dios y son legados de Su sabiduría escondidas en Su Creación. Pero le corresponde también la ley moral (mandamientos) que también viene de Dios y ella es perfecta y Su voluntad más elocuente y por ella se han de sopesar los logros tecnológicos para que éstas sirvan al ser humano en su relación saludable, cuidadosa con el Creador y con el prójimo no sólo en el presente sino también en el futuro. Esta voluntad de Dios es fundamental para una sana ecología del ser humano.
En el presente proyecto hay elementos que están siendo reconsiderados y hoy por hoy no sabemos qué se determinará sobre ellos. Nos referimos a tres puntos claves que simplemente citamos sin entrar en nuevas preguntas éticas que surgirían a partir de su implementación: El primero y más gravitante es a partir de cuándo se considera el inicio de la vida o mejor dicho a partir de qué estadio se la puede llamar “persona”. ¿Desde la unión de los gametos masculinos y femeninos es decir de la concepción (zigoto, 1 día) o desde que este embrión se anida o implanta en el útero materno (blastocito, 14 días)? La determi-nación de esto define el estatus de persona o no de los embriones crio-conservados. El segundo punto que está siendo reconsiderado es el de la “maternidad subrogada”, comúnmente conocida como “alquiler de vientres”, que no toma en cuenta la unión psicológica de quien lleva un ser humano en su seno y si además aporta sus gametos, se valora más el derecho de ser padres de parte de quienes “encargan”, que la identidad biológica del niño que sería expresamente borrada. El tercer elemento en consideración, es el de la paternidad “post mortem” que significaría una orfandad predeterminada, valorando la herencia genética por encima del derecho de un bebé a tener un padre o madre vivos al momento de la concep-ción. Estas posibilidades técnicas nos confrontan con preguntas que nunca nos hemos realizado sobre su legitimidad y que deben ser respondidas. Por ejemplo: ¿Es legítimo ser concebido e interrumpir ese pro-ceso vital como un desecho?, o en caso de crio conservarse ¿es legítimo ser concebido en un tiempo y nacer años o décadas después desconectado de su historia familiar?; ¿Es legítima la reproducción artifi-cial cuando uno de los progenitores ya ha muerto? etc.
Afirmamos que desde la concepción hay vida ya que desde ese inicio se cuenta con todos los cromoso-mas y genes que nos componen como seres humanos. Desde la concepción se tiene todo el potencial vital que hace falta. Es sólo cuestión de que esté en el lugar adecuado (útero materno) donde recibirá la energía y el tiempo necesarios, para que se desarrolle y nazca… Desde el punto de vista composicional nada nos diferencia de un ser recién concebido. Entrar a determinar sobre su derecho a vivir o no es jugar a ser Dios quien tiene la vida y la muerte en sus manos.
Sustentamos esta afirmación en el canto del Salmista que describe una fe que nos vincula con Dios desde el seno materno y entiende que estábamos en la mente de Dios antes de ser concebidos: “Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravi-llosas son tus obras; Estoy maravillado y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojo y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas. ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos!” (Salmo 139:13-17)
Más allá de esta afirmación queremos abrir la reflexión a partir de textos bíblicos que merecen conside-rarse para tener opiniones sustentables. Citamos dos pasajes que pueden generar cierta controversia, dado que en el AT existía alguna especie de paternidad “post mortem” y un modo de “alquiler de vientres”, pero sobre los cuales no se citan resultados felices: Una ley conocida como Levirato obligaba al hermano a casarse con la viuda de su hermano en caso de que no haya tenido hijos, para de esa forma darle descendencia al hermano fallecido. El primer hijo de esa unión sería considerado hijo del hermano muerto “Entonces Judá dijo a Onán: Llégate a la mujer de tu hermano y despósate con ella y levanta descendencia a tu hermano. Y sabiendo Onán que la descendencia no había de ser suya, sucedía que cuando se llegaba a la mujer de su hermano, vertía en tierra, por no dar descendencia a su hermano. Y desagradó en ojos de Jehová lo que hacía y a él también le quitó la vida” (Génesis 38:8-10) (Cf. Marcos 12:19). Existía una forma de tener hijos para el caso de una mujer estéril, situación muy penosa en aque-lla época, a través de una criada suya: Podemos constatar un ejemplo en Génesis 16:1-9,13-16; 21:1-20, Dios había prometido descendencia (Génesis 15) pero no por este mecanismo. Podríamos encuadrar estas normas compensatorias establecidas por Moisés para remediar males como: El desamparo de las viudas sin hijos y el desprecio a la mujer estéril, usando una respuesta de Jesús: “por la dureza del corazón…, las dictó Moisés, pero en el principio no era así” (Mateo 19:8)
b) Cuestiones vinculadas al matrimonio.
En el marco de las relaciones conyugales tenemos algunas cuestiones sobre las que debemos pensar con prudencia:
Un primer aspecto se inscribe en el marco de una tendencia general en nuestra sociedad a reconocer y reclamar derechos en una medida excesiva, respecto de las responsabilidades que competen a cada dere-cho. Se trata aquí de bajar la edad a 16 años para contraer matrimonio, adoptar y hasta abortar, sin auto-rización de sus padres. Esto condena, en aras de la libertad, a hijos aún adolescentes a la orfandad en cuestiones tan cruciales en la vida y que pueden llegar a significar cargas imposibles de llevar en el tiempo. Nos preguntamos ¿Es una condena ser menor? ¿Por qué quemar etapas que hacen falta vivirlas para alcanzar la madurez?…
En segundo lugar, con respecto a la desaparición de la distinción sexual para conformar un matrimonio y por consecuencia la desaparición de términos como “esposo” “esposa” “patria potestad” ratificamos los términos del documento ya publicado “Posición de la Iglesia Evangélica Luterana Argentina sobre: Matrimonio entre personas del mismo sexo” (Mayo 2010). Y agregamos que la igualdad en derechos de adopción que le sigue al aplicar el término “matrimonio” a tanta variedad de uniones no reconocidas en la Palabra de Dios, habilita derechos de paternidad por encima del derecho de todo niño de tener padre y madre y cuyas consecuencias en el desarrollo psicológico y social del niño, que sólo con el tiempo y estudios específicos se pueden medir, no son tomadas en cuenta.
En tercer lugar, el Código Civil en proyecto se distancia de la Palabra en cuánto que elimina la infideli-dad como causal jurídico de divorcio, siendo en la Palabra el causal más importante, sino el único ex-presamente mencionado para los cristianos: “Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación (“porneia” en original) y se casa con otra, adultera…” (Mateo 19:9). El peso de la infidelidad se basa en que es un acto que rompe el lazo íntimo del matrimonio que los hace “uno” es decir “una sola carne” (Génesis 2:24). Este causal de rotura se denomina adulterio, y sólo es salvable por el arrepentimiento y el perdón en Cristo, aunque a la parte afectada le asiste el derecho de divorciarse. Este punto de reforma fomenta la pérdida de promoción de valores modélicos y estables en la educación hacia el compromiso y responsabilidad en los hijos y en la sociedad: Si la fidelidad se vuelve relativa en el vínculo del matrimonio ¿en qué relación de la convivencia social es importante?
En cuarto lugar, la unión sagrada del matrimonio se sacrifica ante el altar del individualismo, en este proyecto de reforma. Individualismo que se expresa en que uniones libres sin compromisos oficializados ante la ley, la propia familia y la sociedad, se equiparan al matrimonio en sus derechos, es decir se le libera al individuo de hacer compromisos públicos y permanentes, pero se le otorga el derecho a reclamar lo que el matrimonio otorga. Individualismo que se expresa principalmente en que se dispensa a los integrantes del matrimonio de la convivencia bajo el mismo techo o “cohabitación”, con lo que, por un lado: la asistencia mutua, el cuidado, la compañía, la resolución de conflictos entre los cónyuges y con los hijos, y por otro lado: la transmisión de valores como compromiso y responsabilidad, el crecimiento en seguridad y en la autoestima (de contar con sus padres en las buenas y en las malas siempre) en los hijos, quedan sujetos a los gustos e intereses personales, propios de una “ética hedonista” que considera “bueno” lo que lo es en tanto y cuánto “gusta”.
En quinto lugar, unión sagrada del matrimonio se sacrifica sobre el altar del materialismo (categoría económica) en el proyecto de reforma, con su finalidad pragmática. Al contar con la posibilidad de optar por: comunidad de bienes (como lo es hasta ahora) o separación de bienes (en la que cada parte mantiene lo suyo en caso de divorcio). Si bien con esto se facilita la preocupación de muchos, esta opción lleva implícita la presuposición de divorcio en lugar de apostar, anhelar, y rogar por la construcción de la unión que dure toda la vida “hasta que la muerte los separe”.
Otro elemento que responde a la intención pragmática del Código Civil que está siendo considerado, es la facilidad que le otorga al trámite de divorcio: sin llamadas conciliatorias; sin tiempos de espera; sólo el deseo de una de las partes alcanza; sin necesidad de establecer una causa. Reconocemos que muchas situaciones que ponen en conflicto al matrimonio son sólo temporales, remediables con el diálogo en espacios conciliatorios; que la complejidad humana nos lleva a tener reacciones contradictorias de un día a otro, producto de pasiones desordenadas que muchas veces, en la calma posterior, ni son aprobadas por la propia conciencia. Con lo que la ligereza de reducir el divorcio, que es la rotura oficial de un profundo vínculo de dos seres humanos, que comparten hijos, historias, familiares, techo, ingresos etc., a un simple trámite unilateral y “exprés”, es una legalidad arriesgada que legitima las pasiones desordenadas, por encima de las decisiones maduras y prudentes hechas sin animosidades.
Estos cuestionamientos pretenden rescatar el alto valor del matrimonio según nuestro Creador y Reden-tor. Vemos que como dice Jesús: “Mi Reino no es de este mundo” (Juan 18:36), que este mundo, en lugar de apuntar a este valor sagrado de la unión, tiende a reducirlo a categorías individuales y materia-les, cosificando al ser humano, categorías que los cristianos llamamos pecado. Este ser humano es amado por Dios y por quien Él se jugó la vida, para que viva luchando contra estos pecados dentro y fuera de él, colaborando con Dios para que cada orden creado recupere sus propósitos originales. Resumimos estos cuestionamientos con la respuesta de nuestro Señor a sus discípulos, cuando hablaba del valor sagrado de la unión matrimonial: “–Si tal es la situación entre esposo y esposa –comentaron los discípulos–, es mejor no casarse. –No todos pueden comprender este asunto –respondió Jesús–, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido entenderlo” (Mateo 19:10-11).
Pensamientos bíblicos que sustentan nuestras afirmaciones respecto del matrimonio:
1) Nos basamos en principios y valores permanentes de Dios como paradigma de los nuestros:
• Fidelidad de Dios: Salmo 33:4; 36:5; 89:2; 92:2; 100:5; 2 Timoteo 2:10-13;
• Amor de Dios: Juan 13:34, 1 Juan 4:7-11;
• Perdón de Dios: Colosenses 3:12,13;
• Vivimos de sus promesas cumplidas y por cumplir: Hebreos 11:8-12; 2 P 1:4, Lucas 1:55; 2:25,2:38 (María, Simeón y Ana esperaban);
• El cumplimiento de Sus promesas son fuente de confianza y modelo de vida: 1 Corintios 1:8,9; Filipenses 1:6; Salmo 15:4.
2) Institución del matrimonio y causales de divorcio: Génesis 2:24; Deuteronomio 24:1-4 y Mateo 19:1-12 (1 Corintios 7:1-16, 25-40).
3) Una razón más para abogar por un sistema ordenado, uniforme y público: Mateo 1:18-25. La credibi-lidad de la enseñanza de la “Encarnación del Hijo de Dios” que sustenta nuestra redención, depende de un sistema ordenado y público (la unión sexual como parte del matrimonio, no incluida en el compromiso de novios).
Corolario
Comprendemos la complejidad de encontrar bases comunes sobre las que legislar para una sociedad tan diversa y plural como la que conforma la ciudadanía de nuestro país. Es fácil suponer las opiniones en-contradas y pujas tensas detrás de los intereses particulares de quienes circunstancialmente esperan ser contemplados en esta reforma.
Con nuestro aporte, desde la tradición bíblica cristiana, pensamos en fundamentos que entendemos cui-dan la vida humana individual y comunitaria en el largo plazo, más allá de las circunstancias fluctuantes del presente.
Nuestra esperanza está en Dios, fuente de vida y sabiduría, quien imprimió en su Creación leyes natura-les que sostienen todo en equilibrio vital, y dotó al ser humano de la razón para que las pueda conocer y valorar y así tener el privilegio de colaborar en su cuidado. Cuando el mal se hizo presente con el sello del dolor, Cristo venciendo el dolor nos trajo la misericordia como sello de convivencia. Por ello es nuestro compromiso dar testimonio de estos principios revelados en la Palabra y también comprobables a través de la razón honesta (Romanos 1:19,20; 2:15). Por ello también, como nos aconseja el apóstol Pablo “Se debe orar por los que gobiernan y por todas las autoridades, para que podamos gozar de una vida tranquila y pacífica, con toda piedad y dignidad. Esto es bueno y agrada a Dios nuestro Salvador” (1Timoteo 2:2-3), nuestro compromiso de oración por quienes han sido puestos por Dios (Romanos 13:1) para legislar sobre temas que los ciudadanos de buena voluntad consideran sagrados.

Integrantes de la Comisión de asuntos teológicos, éticos y de temas de actualidad
Sr. Raúl Sturtz, Liga de Caballeros Luteranos (LCL)
Sra. Evelyn Frizler, Liga Misional de Damas Luteranas (LMDL)
Sra. Mariel Lange, Ministerio Joven (CMJ)
Rvdo. Sergio Fritzler (Seminario Concordia)
Sr. Max Eckell (Profesional en Psicología)
Pr. Digno Rosin (Coordinador)