Sitio Oficial de la IELA
Suscripción

Introduzca su correo electrónico para recibir notificaciones de nuevas entradas.

Únete a otros 162 suscriptores

LA NATURALEZA MISIONERA DEL CRISTIANO Y DE LA IGLESIA

Los días 28 y 29 de mayo, más de un centenar de representantes de diversas congregaciones de la IELA se reunieron en la ciudad de Concordia con el fin de realizar una Convocatoria nacional de Misión. El objetivo de la misma era el estudio del tema desde la perspectiva bíblica, aplicada a las nuevas realidades que nos toca vivir como iglesia, para poder continuar realizando la misión de Dios.

Los cuatro evangelios del nuevo testamento son relatos inspirados que nos pintan las partes sobresalientes de la vida y obra de nuestro Señor Jesucristo. Se puede decir que son relatos especiales que nos muestran a Dios en misión, en la persona de su Hijo Unigénito, salvando a los hombres de todos los tiempos de sus miserias y del pecado que los agobia y condena. En los cuatro relatos, el punto culminante de la misión de Dios a favor del hombre, es la muerte de su hijo en la cruz. Esta es la expiación por el pecado. Su resurrección victoriosa, liberadora de la muerte, de la condenación y de los poderes de las tinieblas, es la fuente de la vida nueva y abundante para todo aquel que cree.

Los cuatro evangelios terminan con el encargo de llevar la obra redentora de Cristo hasta los fines de la tierra y de los tiempos, a toda la humanidad. Esta tarea de predicar y enseñar la Palabra del Evangelio, y administrar el Bautismo y la Santa Cena le fue entregada a la iglesia, a cada congregación en particular, como tarea fundamental y prioritaria. El último capítulo de cada evangelio destaca esta misión de Dios, encomendada a la iglesia:

En Mateo 28: “Vayan y hagan discípulos en todas las naciones…”

En Marcos 16:15-16: “Vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio a toda criatura….”

En Lucas 24: 47-48: “…que se predicase…el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones. De estas cosas ustedes son testigos”.

En Juan 21:16: “Apacienta mis ovejas…”

En el libro que sigue, el de los Hechos de los apóstoles” encontramos esta responsabilidad entregada, en el principio del primer capítulo: 1:8 “Me seréis testigos…..”

Cuando el Espíritu Santo prometido vino sobre ellos en Jerusalén, entraron en acción, predicando y testificando. Y el Señor hizo que su Palabra corriera por todas partes, llevada por mucha gente, y que nacieran congregaciones como frutos de la predicación y el testimonio. Dios estaba en plena misión, encarnado en su pueblo. Así el libro de los Hechos es el primer tratado sobre la misión de Dios, abierta a todo el mundo. Los creyentes en general tenían el gen de la misión, de compartir lo que habían visto y oído sin muchas complicaciones ni protocolos. La misma gente creyente, y las congregaciones cristianas tenían naturaleza misionera, y Dios estaba en misión por medio de ellas.

Por esa razón, la misión no es un tema anexo, aparte de la naturaleza de la iglesia. Pertenece a su corazón y a su vida. No es un asunto de expertos o de profesionales, o de oficios, en forma exclusiva. Aunque la iglesia puede valerse de ellos, con buenos resultados, especialmente cuando piensa en extender el trabajo a otros lugares a los que las congregaciones no pueden llegar por si mismas y en forma espontánea.

Todos los creyentes, según 1 P. 2: 8-9, son “…sacerdotes al servicio del Rey…para que anuncien las virtudes del que los llamó de las tinieblas a su luz admirable”.

La experiencia vivida en la convocatoria de misión, en Concordia fue muy buena, en el sentido que tomó estos elementos bíblicos fundamentales, y reflexionó con ellos en las realidades que las congregaciones de la IELA viven en este momento. Seguramente las conclusiones del documento final traerán sugerencias prácticas para la acción, especialmente en el campo de la formación de líderes para la acción misionera.

Saludos fraternales.