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A DIOS ORANDO Y CON EL MAZO DANDO

De las seis grandes temas que trata nuestro catecismo menor, el tercero es el referido a la oración. Y en forma especial, la explicación del Padrenuestro, como la mas completa y abarcativa de todas las oraciones.
La actitud de orar es una característica que identifica al creyente y a la iglesia. Los incrédulos por lo general no oran. Los creyentes en dioses falsos, o ídolos muertos, también manifiestan su confianza en ellos dirigiéndoles oraciones. Es que la actitud de orar es una manifestación de la religiosidad universal y natural de la humanidad, independientemente de la divinidad en que confíen.
La cuestión, entonces, no es tanto el orar o no orar, sino a quién orar, y con qué propósitos.
Hoy día a muchos les da lo mismo si las oraciones son dirigidas a Alá, al gauchito Hil, a la virgen María, a Jesús, o a cualquiera de las miles de otras opciones, incluyendo palos o piedras, y hasta, espíritus satánicos.
Debemos ser conscientes de que estas cuestiones no se definen por las opiniones, o por las prácticas, de la mayoría, sino que para nosotros, las define la Palabra de Dios. Y a sus enseñanzas queremos atenernos.
La Biblia está llena de ejemplos y de testimonios de personas que han orado al Dios viviente, y Él ha escuchado y atendido sus oraciones, de acuerdo a su voluntad, a su modo y a su tiempo.
Elías oró a Dios, y los altares del sacrificio fueron encendidos con fuego del cielo, mientras que l os sacerdotes de Baal no obtuvieron respuesta de sus dioses.
El libro de los salmos es una compilación de himnos y oraciones que usaban los fieles del antiguo pacto, y aún son usadas por nosotros, en este tiempo, para orar en nuestras diversas necesidades.
El fariseo en el templo, con su oración, le quiso enseñar a Dios lo bueno que era, y pidió mal, mientras que el publicano fue atendido y consolado con el perdón, al tener el propósito correcto, la sencillez y la humildad adecuada en su oración.
Jesús oraba a su Padre con mucha frecuencia, especialmente ante los acontecimientos y decisiones importantes que debía tomar. De las siete palabras desde la cruz, la primera y la última son oraciones. Los apóstoles y las primeras congregaciones aplicaban mucho tiempo y cuidado a la oración. Esteban, el primer mártir, murió bajo las piedras de sus enemigos, orando por perdón para ellos.
Es necesario que frecuentemente se nos recuerde nuestro privilegio de poder acercarnos a Dios para hablar de hijo a Padre, con toda confianza, con la seguridad de ser escuchados, de la mano de nuestro mediador y abogado, Jesucristo, por el que tenemos acceso al trono de la Gracia. Él nos ha abierto el camino al trono de Dios, ha removido todos los obstáculos de nuestros pecados, y constantemente intercede por nosotros, en nuestras debilidades
Son muchas las razones que han de impulsarnos a orar en el nombre de Jesús. Nuestra vieja naturaleza carnal y pecadora está mas dispuesta a los resentimientos, a las quejas, a los reclamos, a las demandas y a victimizarnos, queriendo hacernos creer que lo que nos toca es producto de los pecados de los demás. Nos cuesta más postrarnos en humildad ante Dios, y orar, confesando nuestros pecados, y poniendo nuestros caminos llenos de imperfecciones, en las manos del Señor que sabe y puede hacer nuevas todas las cosas, tanto para nosotros, como también para los que nos rodean.
Si nuestra vida de oración, tanto personal como en congregación, está decaída, también en todas las demás cosas estaremos volando bajo. Quizá, peligrosamente bajo. El maligno sabrá aprovechar estas situaciones para derribar al suelo a todo aquel que no vuela lo suficientemente alto, en espíritu de oración, como para alejarse de sus garras.
En estos tiempos difíciles para las personas y para la iglesia, volvamos a la oración sencilla y sincera. Corazones contritos y humillados no serán despreciados por Dios. Él sabrá hacer lo que nosotros no podemos hacer. Y nos capacitará para hacer lo que sí podemos hacer, en armonía con su Palabra.
Me parece que este es un momento muy importante que estamos atravesando como pueblo de Dios. Me permito como presidente, pedir a todos los miembros que tomen tiempo especial para orar, en forma privada, grupal y congregacional por la iglesia, por sus pastores, por nuestro seminario, por sus profesores y estudiantes, por las autoridades, por los administradores y por todos los que trabajan en funciones que se les encomendó realizar. Oremos por la misión, por líderes, misioneros, y mayor número de obreros fieles para la viña del Señor.
También por nuestro país, por el pueblo en general, y por las autoridades que tienen la responsabilidad de conducirnos.
Pidamos que cese la violencia de quienes creen que son los instrumentos de Dios para imponer sus criterios, aún con bombas y armas.
Y no olvidemos de der gracias por tantas cosas hermosas, que si no fuera por la misericordia de Dios, serían con seguridad, muchísimo peor.
Oremos hermanos, que la iglesia no será mejor que su espíritu de oración.

 

Rev. Carlos Nagel