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PASCUA, SU VALOR PARA NOSOTROS

A mediados de abril este año celebraremos la pascua. En el hemisferio norte esta fiesta siempre cae en primavera. En el hemisferio sur, siempre cae en otoño. Dos estaciones opuestas. En la primera, la salida del invierno se muestra en el rebrotar de las plantas, con sus decorados de flores y perfumes. La vida, la alegría y la esperanza abren paso a un nuevo momento en la existencia. El frío y sus grises quedan atrás.
La pascua en Jerusalén, que se halla en el hemisferio norte, se enmarca en primavera, al igual que en Europa, y que en América del Norte. Por eso algunos de nuestros himnos tradicionales hablan de las flores, como ´por ejemplo el 75 de nuestro himnario: “Fiesta de la primavera, de la vida verdadera, pascua de resurrección”. En su sentido profundo y espiritual, esto es totalmente cierto. Y vale para los dos hemisferios, independientemente de las estaciones.
El hermoso Edén, con sus flores y frutos, perfumes y felicidad fue arruinado por la desobediencia de un hombre, por la que todos fuimos constituidos pecadores. Y lo perfecto y hermoso fue reemplazado por el gris y el frío de una realidad de sufrimiento, de egoísmo, de odio , de muerte y finalmente de condenación eterna. Así están las cosas ahora, si queremos mirar con total honestidad.
La resurrección de nuestro Señor Jesucristo de entre los muertos, que es el gran tema de la pascua cristiana, nos brinda un nuevo amanecer, nos acerca nuevas esperanzas, nos promete una nueva realidad, la de una nueva creación, muy lejos de las amarguras y consecuencias del pecado, y muy cerca, mejor dicho, dentro del reino de Dios en esta realidad presente, y esperando la plenitud del nuevo Edén, en la gloria del cielo.
Pascua es alegría. O mejor dicho, es gozo por lo que Dios, a pesar de nosotros, ha hecho y sigue haciendo por la humanidad.
La negrura del viernes santo queda plena de luz el domingo de pascua.
Yo quiero invitar a la iglesia, a cada miembro, a cada pastor, a cada congregación, a enfatizar desde el evangelio esta profunda alegría, llena de nuevas posibilidades y esperanza. Debemos salir de la amargura del viernes, porque lo nuevo ya lo supera totalmente. La vieja levadura debe ser barrida para dar amplio espacio a la nueva levadura, que leude la masa con celebración, con gozo, con alabanza, con testimonio, con dedicación, y con el afán de compartir la vida verdadera que la primavera pascual ha puesto en nuestros corazones.
Felices pascuas para todos.

Pastor Carlos Nagel
Presidente de la IELA