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SE FUE, PERO NO SE FUE

Este mes de mayo nos recodará que en 1810 hubo días de convulsión política en lo que ahora es nuestro país. El 25 de mayo, dicen, se dio el primer grito de libertad. El último, probablemente para muchos, todavía no llegó. Me refiero al que menciona Jesús en Juan 8: 31 y 32, a saber, “…que la verdad de la Palabra de Dios, que Cristo trae, nos hace realmente libres”.

Este año el 25 de mayo cae jueves. Ese mismo día  la cristiandad recordará otro evento, acontecido cuarenta días después de pascua. La ascensión de nuestro Señor Jesucristo a los cielos.

Quiero llamar la atención de la iglesia sobre este acontecimiento, porque frecuentemente pasa  casi desapercibido. En nuestro país la gente conoce más acerca de la Asunción de María, (no bíbica), que de la Ascensión del Señor, relatada con muchos detalles en los evangelios, y especialmente en el libro de los Hechos de los Apóstoles, cap. 1, escrito por San Lucas.

¿Por qué es importante  este evento? Por varias razones. En primer lugar porque nos habla de una obra terminada. Jesús vino al mundo, siendo verdadero Dios se encarnó en la virgen María, y asumió la misión de redimir, con su muerte y resurrección, a toda la humanidad de la culpa del pecado. Esta misión estaba plenamente cumplida. Y sigue cumplida por nosotros y por todos los tiempos. Ahora podía volver al seno del Padre, de donde había venido.

Otro aspecto importante es que el Señor confía a su iglesia entera la función del testimonio. En todas partes sus fieles  contarán lo que Cristo hizo con ellos, salvándolos, dándoles vida eterna, y  sentido cierto a sus vidas.

Un tercer aspecto importante es que el que se va, no se va para desaparecer y desentenderse de todo, sino que se va para quedarse con los suyos y ser el Señor y Rey sobre todo, y especialmente sobre su iglesia. Cuán importante y consolador es tener la certeza de que las riendas de todo están en las manos del Cristo resucitado y omnipresente. Saber que su frágil iglesia, formada por débiles y limitados pecadores como nosotros, tiene un poderoso Señor y Rey que  la sostiene y salva.

Y finalmente, la Ascensión del Señor nos hace mirar con esperanza su glorioso regreso en aquel gran día  anunciado, como juez de vivos y muertos, para llevar, por su gracia, a la patria celestial a todos los que han confesado su nombre, con palabras y hechos, en su peregrinación terrenal.

Que asumamos con gozo nuestro privilegio de ser testigos, y digamos de corazón ¡Ven Señor Jesús¡ Amén.

 

Un gran saludo con  el afecto de siempre.