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QUERIDA IGLESIA LUTERANA, FELIZ CUMPLEAÑOS N° 500

Después de mucho andar y programar, estamos en el mes del 500 aniversario. Se trata sin duda de una fecha que debe invitarnos como iglesia, a detenernos un momento para meditar de dónde venimos, quiénes somos, por qué estamos acá, y no en otro camino, y especialmente, pensar en nuestro futuro, cómo lo vamos a encarar, y cuál podrá ser el pronóstico que podemos hacer acerca de nosotros mismos, a saber, del porvenir de la IELA.
Venimos de una generación que en el siglo XVI fue liberada por Dios de un pulpo religioso que pretendía concentrar la suma del poder en el orden espiritual y material. Venimos de ser soltados de grillos y cadenas que oprimían conciencias y corazones, que como el cautiverio babilónico del siglo VI antes de Cristo azotara a Israel, con los grises de la desesperación, la opresión y la amargura. Ya estuvimos allí, y desde que saboreamos la libertad que brota del evangelio de Cristo, de ninguna manera queremos volver allí, ni a nada que se le parezca.
Venimos de nuestros antepasados, padres y abuelos, que con mucho esfuerzo y gran convicción, en medio de innumerables dificultades de todo tipo, han luchado para preservar y transmitir a hijos y nietos la herencia espiritual y cultural traída de otros lugares, profundamente permeada por los principios, contenidos y valores de la Reforma.
Este quinientos aniversario nos encuentra en plena actividad como iglesia de Cristo, a las muchas congregaciones, pastores, escuelas, e individuos que formamos la IELA. La convicción es la misma. Esto es de Dios, porque brota de su Palabra. Esto no es propiedad nuestra, porque la sangre de Cristo lo ha comprado para que sea de Él.
Las dificultades no faltan ciertamente. La lucha sigue siendo no contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra huestes espirituales de maldad. Pero el Espíritu de Dios es el mismo, en poder, en sabiduría, en amor, y es Él quien lleva a su pueblo de victoria en victoria, mientras éste permanezca fiel.
El presente que disfrutamos se debe solamente a la misma gracia de Dios, por la que siempre hemos de estar agradecidos, y dispuestos a demostrarlo en hechos que glorifiquen a Dios y sirvan al prójimo.
Nuestro futuro puede ser visto con optimismo y esperanza, siempre que estemos dispuestos a retener la palabra fiel que nos ha sido enseñada. Nuestro porvenir no está en el pasado. A éste pertenecen los recuerdos y los agradecimientos por tanta riqueza recibida. Estamos llamados a caminar de la mano de Dios hacia el futuro, en total dependencia de su compañía cotidiana, a través de la Palabra y los Sacramentos. Por eso no temeremos aunque la tierra sea removida. Nuestro refugio es el Dios de Jacob.
Así como fuimos bendecidos por los tesoros espirituales de la Reforma, a través de nuestros mayores, así nos toca a nosotros en este tiempo el privilegio de compartirlos con nuestros hermanos, hijos, nietos, y con la sociedad que nos rodea.
Loado sea el Señor por siempre, y feliz 500 aniversario, querida iglesia luterana.

C. Nagel